Con el SRT-4 230HP , Dodge recurre a la vieja y efectiva fórmula de los deportivos populares al estilo yanqui. La marca del carnero tomó el Neón, y le colocó el motor más potente que cupiera bajo su cofre ? un 2.4 turbo, "donado" por el Stratus R/T ?, convirtiendo al SRT-4 en el segundo coche más veloz de Dodge, sólo superado por el Viper SRT-10.
Viajando en el tiempo a 1968, encontramos al que podría ser el tatarabuelo del SRT-4, el cual nació con objetivos muy similares al del coche del que ahora hablamos; se trata del Dodge Coronet R/T, que con un motor V8 de 7.2 litros contaba con 375 HP, ó 425,con la planta de fuerza "Hemi"opcional.
Lo mejor de todo es que aquella máquina de velocidad tenía un precio "sorprendentemente modesto", según rezaba la publicidad de la época. El Coronet R/T era más que apto para aceptar un reto en una competencia callejera de aceleración en línea recta; sin embargo, en rutas sinuosas se delataba que el chasis no tenía suficiente balance para tan elevada potencia y, para ser sinceros, creíamos que lo mismo ocurriría con el SRT-4, pero afortunadamente comprobamos que el veloz Dodge es bastante diestro tanto en línea recta como en carreteras serpenteantes.
El SRT-4 podría causarle dolores de cabeza a coches de precio mucho mayor. En aceleración de 0 a 100, con 7.2 segundos según nuestras pruebas, apenas se quedó un poco por abajo del Lancer Evo VIII (que tuvimos en nuestro anterior número) y un poco distante de los 5.9 que anuncia la marca.
De todas formas, la aceleración del SRT-4 es de dar escalofríos. Debido a que el motor produce su potencia más utilizable arriba de las 2,500 rpm, para arrancar con contundencia hay que acelerar bastante, en cuyo caso se extraña un control de tracción, ya que en esta situación es difícil encontrar la forma de ?levantar el vuelo ?sin patinar las ruedas. A menos revoluciones el avance desde 0 km/h será relativamente lento, lo cual hace un poco difícil el manejo diario en la ciudad: para pasar topes o superar un crucero sin semáforo, hay que poner primera forzosamente.
En cuanto a consumo, éste será decente mientras que tú te portes igual al manejar; si no te resistes a la tentación de hundir el pedal a fondo, te convertirás en cliente frecuente de las gasolineras. El sonido del motor parece de uno de competición: acelera a todo y se escucharás un fuerte "bramido", y cuando sueltes el pedal, incluso se escuchará algo así como detonaciones. En curvas fuertes, no te irás de nariz, a menos que entres excesivamente rápido.
Lo criticable es que el SRT-4 se siente algo nervioso al ir rápido, y su extremo trasero se siente un poco ligero, por lo que no será raro que se insinue una "coleada" si sueltas el acelerador al tomar una curva rápida. Los discos de freno tienen un diámetro algo pequeño, lo cual limita su potencial de frenado a esta pequeña bestia, aunque esto sólo se notará andando a ritmos semejantes a los de una pista de carreras, provocando que con el uso continuo de estos, se sobrecalienten y, por lo tanto, pierdan aún más eficiencia. Otro inconveniente es su amplio diámetro de giro, que te hará realizar maniobras extras al estacionarte.